Diario Jaén:El dominio de la bravura que pasta en dehesas jienennes

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Que el campo jiennense de la comarca de El Condado y Sierra Morena reúne excelentes condiciones para dar cobijo a las reses con las que se lucirán los mejores trajes de luces es un hecho que se corrobora con tan solo contabilizar el número de ganaderías de lidia que ubican su finca en este punto de la provincia del Santo Reino. De hecho, en 2011 se registraron 137 explotaciones en las que se contabilizaron 18.433 cabezas de ganado bravo, según los datos ofrecidos por la Consejería de Gobernación. Una cuestión puramente matemática que viene reforzada con el hecho de que la calidad de los animales que se cría está en el “top ten” de los mejores de España. 
Hay quien compara este potencial ganadero con el del aceite de oliva que brinda la tierra jiennense, en la que cantidad y calidad se dan la mano. El mismo símil que lleva a reflejar, en el mismo espejo, la poca promoción de cara al exterior. Y es que, así como los caldos de aceituna, bandera insignia de la provincia, son ambrosía para los paladares más exigentes, la bravura de sus reses destaca por reunir las características que permiten a los matadores brillar ante una fuerza sin piedad, pero cargada de elegancia y hechura. Calidad que queda patente cuando se centra el foco del objetivo en la procedencia de las reses que se torean en las principales ferias de España. Además, si se mira de puertas hacia adentro, la provincia fue la andaluza que mayor número de festejos taurinos celebró en 2011, con un total de 203 espectáculos en 54 de los 97 municipios, como pone de manifiesto la memoria realizada por la Junta de Andalucía.

De esta manera, es fácil comprobar que los hierros que marcan el lomo del toro de cuatro años son de ganaderos como Javier Araúz de Robles, Javier Moreno, Enrique Giménez, Apolinar Soriano, Alfredo García Marchante, Francisco y Román Sorando, Jiménez Pasquau, Sancho Dávila, Mariano Sanz, Gregorio Garzón, Ramón Segura, Joaquín Morales, Amparo Valdemoro o los hijos de Andrés Orellana. Empresarios que optan por un tipo de toro demandado por los matadores que más lidian, pues es más fácil de vender. No hay que olvidar que, ante todo, se trata de un negocio.

Dadas sus características, se puede afirmar que el campo jiennense está a la altura de Cádiz, Sevilla y Salamanca en reses y fincas. A pesar de que le faltan ganaderías “motoras” que aprovechen el resto de tirones económicos para sacar el máximo partido a la parte comercial y a la genética de sus toros. En otras palabras, apostar por maniobras de mayor promoción como Juan Pedro Domecq, en Sevilla; Atanasio Fernández, en Salamanca, o Núñez y Jandilla, en Cádiz. 

En cualquier caso, más allá de la referencia que marquen unos u otros nombres de cara al exterior, la realidad es que, en invierno, El Condado y Sierra Morena se convierte en punto de encuentro de múltiples toreros que acuden a entrenar a las fincas que se distribuyen por la comarca. Además, es cita para destacadas figuras que acuden a las “casas” de los ganaderos para tentar sus reses. Una prueba en la que determinarán, por ellos mismos, la bravura o agresividad del animal.

Otro de los barómetros que miden la excelente calidad de las reses jiennenses está en las plazas que se rinden ante tal evidencia, con el indulto de aquellos toros, por parte de las plazas que reconocen su extraordinaria bravura. De esta manera, ganaderías como la de Torrehelberos, en La Puerta; El Cotillo y Collado Ruiz, en Sabiote, y Sorando, en El Bosque, recibieron de nuevo a sus cuatreños para pasar el resto de su vida como sementales. Un premio que solo se pueden permitir los “machos alfa” del grupo.
El conocimiento que tienen muchos matadores de esta zona no solo los acerca a entrenar o tentar. De hecho, hay quien se marca hasta una larga cambiada en esto de los negocios ganaderos, como es el caso del mismo Enrique Ponce, quien dirige su ganadería homónima ubicada en la Finca Cetrina, en Navas de San Juan.

Cada ganadería engloba todo un mundo, donde se trabaja, cada día, para que las reses sean las mejores entre las mejores. De puertas hacia dentro, se respira un remanso de tranquilidad que, a veces, se desbrava con un enfrentamiento entre machos o con la práctica de ciertos procesos, como es el herradero del becerro. Un ritual que concentra a los especialistas para marcar y clasificar a la res una vez que está destetada de su madre. Es cuando, cerca de un burladero, se coloca una pila de leña seca de encina, con la que se enciende el fuego que calentará los hierros. El marcaje o herradero consiste en señalar sobre el lomo del añojo el número de identificación individual, la última cifra del año en que nació —solo a las becerras— y el símbolo de la propiedad. También se colocan señales en las orejas. 

Entre las labores diarias hay que  guiar las corridas de las reses, ya que hay que moverlas por la mañana durante unos  minutos, cuales atletas de élite. Es como controlar los distintos ciclos de la vida, pues habrá que tener extremo cuidado de las vacas que paren, y comprobar si la madre acoge o no al becerro. Actividades que recaen sobre un equipo de personas compuesto, según el grado de responsabilidad, del ganadero, el mayoral, el vaquero y luego el piensero. Aparte, la Unión de Criadores de Ganado de Lidia asigna un veterinario a cada zona que irá, periódicamente, a comprobar la salubridad de los animales. En Jaén, Antonio Mateos es el profesional encargado de ello. Durante los últimos años, las nuevas tecnologías también se han introducido en las labores de la ganadería brava, como los carros mezcladores para echar de comer a los animales, así como el uso de herramientas más sofisticadas para los herraderos. En cualquier caso, hay empresarios que mantienen costumbres como el desplazamiento a caballo por el terreno. 
Cada finca mima y cuida con extremo celo a cada una de sus reses, desde el momento que nacen, hasta su venta, incluso, aquellos toros que superaron las barreras de la excelencia para ganarse una vida de placer y procreación de la especie. Para ello, cada cercado incluye animales distribuidos según su edad: los añojos —son de un año y aún no están preparados para la lidia—, los erales —tienen dos años y son aptos para la lidia en novilladas, sin caballos—, los utreros o novillos —tienen tres años y pueden participar en novilladas— y los toros —con cuatro o cinco años, edad en la que están listos para participar en una corrida—. Con seis años quedarían fuera del reglamento de lidia. En los cercados de los cuatreños, las medidas de seguridad se mantienen hasta el punto de guardar los cuernos con una especie de fundas de resina que los protegen de los posibles enfrentamientos. Y es que, después de años de crianza, sería un fracaso que los animales destrozaran uno de sus preciados pitones por un arrebato entre hermanos de camada.

Además de la separación por edades están los sementales que se dedicarán a transmitir sus mejores genes. En otro lugar, se disponen las vacas aprobadas, que se consideran bravas pues, previamente, se comprobó en un tentadero, por lo que son aptas para ser madres de toro bravo. También hay que diferenciar las vacas sin ver, que son pequeñas y están a la espera de que se compruebe su bravura.

Por otra parte, es importante destacar los gastos que supone al empresario mantener la bravura de sus reses. Una inversión en la que hay que tener en cuenta los piensos con los que se alimentarán. En cualquier caso, las últimas lluvias han supuesto un alivio económico para los ganaderos jiennenses, ya que ello ha permitido que el campo también ofrezca un alimento extra para estos herbívoros que pastan en la dehesa de El Condado. “El pienso está por las nubes y criar un toro hasta los cuatro años supone entre 2.200 y 2.300 euros por animal”, apunta el ganadero Alberto Morales, quien dispone en su finca La Marquesa de Vilches de unas 1.100 cabezas de lidia. Pero no solo velan por una correcta y equilibrada nutrición, pues el control sanitario de las reses es primordial. Así, la ley impone a los propietarios el saneamiento de su explotación dos veces al año. Cada una puede costar unos 8.000 euros. 

El negocio de Morales destaca en la provincia, pues su finca es punto de encuentro de grandes matadores que acuden para entrenar, cuerpo a cuerpo, sus reses y cuyo resultado se traduce en que, luego, sean estos animales los que den la gloria a los matadores en las plazas de primera. “Somos la ganadería de Jaén con más número de corridas en la actualidad. El año pasado se lidiaron nueve y este tenemos apalabradas ocho”, apunta Alberto Morales, que cuenta con dos hierros: Torrehandilla y Torrehelberos. “Por aquí han pasado maestros como el Juli o José Tomás, que piden nuestros toros”. Pero, ¿qué es lo que atrae a estos grandes de la tauromaquia a esta finca ubicada en tierras jiennenses? “Creemos que vienen aquí porque dicen que nuestro (toro) malo no molesta, es decir, que le pueden cortar una oreja y no sale violento. Y eso es lo que gusta al torero, pues el malo puede salir justito de fuerza, pero no buscando al torero”. En definitiva, se trata de que demuestren nobleza, que  el animal dé emoción en la plaza y que se pueda torear despacio.  

Así como el ciclón de la crisis ha tocado todos los sectores, el del mundo taurino no se escapó. Ante este fenómeno hay quienes optan por diversificar el negocio. Como hace el encargado de La Marquesa. “Ahora intentamos buscar otra opción, por eso abrimos unos salones de bodas nuevos y tenemos en proyecto abrir un hotel rural. También ofrecemos paseos y rutas para extranjeros por la finca para que aprendan cómo les damos de comer a las vacas y a los toros y sepan cómo es el día a día. Es decir, que los visitantes se hagan una idea de cómo es este mundo, ya que no todo es criar al animal y llevarlo a la plaza”, dice Morales. Una manera de abrir un mundo que, tradicionalmente, fue muy cerrado y que brinda la posibilidad de entender el respeto que un buen matador le debe tener al bravo.